La alegría y felicidad compartida es impagable. El fútbol es vocación. Ganan mucho dinero, sí; pero la inmensa mayoría seguirían siendo futbolistas por muchísimo menos. Ése es un valor que pocas veces se reconoce, y no todos podrían decir lo mismo.
La crisis económica y el dolor que conlleva para millones no ha pasado, ¡somos conscientes! No lo hemos olvidado. También sabemos que el fútbol no nos evitará los enormes problemas que nos acucian. Estamos cruzando un desierto. Llevamos una larga travesía que se nos antoja interminable. Pero hete aquí que hemos encontrado un oasis. Un oasis insospechado de victorias. El fútbol no nos librará de la arena y el sofoco; también sabemos que el desierto continuará más allá. Pero este lugar de descanso y regocijo nadie nos lo arrebata. Es cruel quitarle importancia: la tiene y mucha. Es eso lo que nos están dando estos chicos: una inmensa alegría en medio de tanta confusión y desesperación.
Para los futboleros de toda la vida. Para las futboleras que recién han descubierto esta pasión. Por una afición que se pellizca para descubrir que no es sueño. Por un país que necesita sentirse mejor. Por una lección de dignidad y esfuerzo en equipo ante la patética clase política que padecemos.
Y deportivamente por Zamora, Quincoces, Zarra, Di Stéfano, Luis Suárez, Del Sol, Miguel Ángel, Asensi, Juanito y cientos de otros que vistieron la zamarra. Por la afición española que en el 82 gritábamos ¡España, España! en todos los campos, aunque nuestra selección no jugara allí. Por la frente llena de tacos de Camacho, por la nariz rota de Luis Enrique, por el inútil 6 a 1 a Bulgaria, por el balón de Joaquín que nunca salió por la línea de gol, por Cardeñosa y su traspiés, por el gol de Míchel a Brasil que no subió, por los cuatro goles de Butragueño en Querétaro. Por tantos sueños rotos. Por Naranjito.
Porque el mundo del fútbol, y el fútbol del mundo, nos lo debe. Porque lo merecen. Porque pueden y porque podemos.
¡Somos favoritos! Esto quiere decir que si trabajas muchísimo, juegas a tu máximo nivel y encima tienes suerte… seremos campeones del mundo. Ésta es una generación que viene demostrando que lo puede hacer, y que lo hace desde el respeto y una impresionante humildad. Gracias por todo lo conseguido y por la forma en que lo habéis hecho. Gracias por el mérito de unirnos en torno a una vibrante y roja ilusión.
¡Ánimo chicos, y traedla a casa para todos!